jueves, 26 de abril de 2012

POTRO POR TERNERA

Jordi Costa
La primera vez que vi “Fantasía” de Disney, mi madre me cubrió la mirada con un pañuelo blanco cuando llegó la parte de “Una noche en el Monte Pelado”.  En ese momento, aún no era capaz de entender que era un precioso gesto que resumía la idea de amor materno: proteger a sus cachorros del Horror del mundo. En ese momento, mi madre tampoco sabía que, con ese acto protector, me estaba preparando para entender a Norman McLaren.
 
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Jonathan Millán
A mí nadie me protegió. Vi "El baile de los vampiros" en casa de mi abuela cuando tenia 8 años. Era demasiado pequeño para verla y la escena final me marcó profundamente:

Este final marcó mi forma de ver el mundo durante muchos años: no te fíes de nadie. Todos te traicionarán. Estás sólo.
Creo que lo que más me afectó, a parte del hecho de que en ese momento identificaba a los personajes no vampiros (extremadamente ingenuos e inocentes) con la niñez y a los vampiros (extraños y perversos) con el mundo de los adultos,  fue la imagen del profesor de espaldas.
Esa imagen, que aún hoy me genera mucha angustia, es la encarnación más clara que he visto nunca de LA OTREDAD: todo lo que no seas tú es el otro, lo extraño. Incluso el amigo es un ser ajeno a tu dolor. 
Me parecía que el profesor, más que darle (literalmente) la espalda, era una criatura sin rostro. 

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Esta semana nos titula: Marc Vives









viernes, 6 de abril de 2012

PERRO AMOR AL ARTE

Jordi Costa
En “Su pasatiempo favorito” de William Gaddis, un perro callejero se queda atrapado en el interior de una escultura de vanguardia, circunstancia que crea una situación legal prácticamente irresoluble. Salvar al perro implica destrozar la obra, a lo que se oponen todos los defensores del arte. Preservar la obra supone dejar morir al perro, extremo  innegociable para los activistas por la defensa de los derechos de los animales.

En 1955, William Gaddis publicó su primera novela, “Los reconocimientos”, que alcanzaba, en su edición original, las 956 páginas. El grueso de la crítica no llegó a terminarse el libro y lo trató con una condescendencia tan insultante que condicionó gravemente su carrera comercial. Años más tarde, “Los reconocimientos” sería considera una obra maestra de la narrativa americana contemporánea.

Jack Green (seudónimo), ex-empleado en una compañía de seguros, quedó hasta tal punto impresionado por la novela que decidió emprender una cruzada en solitario contra los críticos que la condenaron a través de su fanzine newspaper. “¡Despidan a esos desgraciados!”, editado por Alpha Decay, recoge sus textos en defensa de Gaddis: una volcánica impugnación de los vicios de la crítica que, no obstante, plantea una imagen tan irresoluble como la del perro atrapado en la escultura.
A finales de los años 50, en Estados Unidos, el dinero que recibía un crítico literario para reseñar una novela de casi un millar de páginas no era ninguna bicoca. La crítica literaria –y la cultural, en general- no podía ser íntegra atendiendo a su cuenta de resultados.  Pero ajustar el esfuerzo y el tiempo invertido a los honorarios que uno recibirá sólo engendra basura como la que Green glosa en su libro.

Una reflexión: si el periodismo cultural se ha devaluado tanto desde entonces –y sigue-… ¿qué suerte aguarda a las obras maestras que surjan a partir de este momento?
Nota: la editorial Sexto Piso ha decidido traducir al español todo Gaddis. Ojalá a alguien se le ocurra hacer lo mismo con Robert Coover y John Barth, por ejemplo.

Esta semana semana nos titula: Michelle Jenner