miércoles, 13 de febrero de 2013

HANE¿QUÉ?

Jonathan Millán
Hasta ahora siempre tuve la sensación de que Haneke trataba al espectador como un gran voyeur. Podían ocurrir cosas terribles en la pantalla, pero le ocurrían a los personajes. Sus personajes sufrían y eran torturados y tú sufrías por ellos pero a una distancia de seguridad. Viendo “Amour”, su última película, en un punto sentí estar llegando a un límite.
Tuve un momento de revelación y se lo comenté a mi novia, porque me pareció gracioso...
Minutos después, eso se revelaba como una realidad en la que ya no cabía el humor.
Lo curioso es que, al salir del cine, a pesar de haberlo pasado realmente mal, me sentía, en cierto modo, agradecido. Como cuando un padre te castiga para enseñarte.
Al día siguiente, leí en el blog Las Horas Perdidas un texto de Rafa Martín con la frase clave: “En “Amor”, Haneke te pega porque te quiere, y eso vuelve todo muchísimo peor”.
Por la noche, recordé la primera imagen de la película después del título. Un plano frontal de una platea llena de espectadores en la que estaban los personajes de la película.
Nosotros mirábamos a espectadores como nosotros. Fantaseé con que ese plano-espejo es el que le había servido a Haneke de trasvase. A partir de ahí estábamos en sus manos.

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PASATIEMPOS
¿Qué tienen en común Michael Haneke y Arnold Schwarzenegger?
SOLUCIÓN: Los dos son austríacos y ambos han alcanzado la excelencia en el difícil arte de encontrar nuevas y sofisticadas formas de repartir leches.


Esta semana nos titula: Thais Villas

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